Propaganda gubernamental vs. comunicación institucional: cómo no cruzar la línea

 


Seguro lo has sentido. Llega a tu escritorio una propuesta de campaña, un video o un espectacular para validación. En el papel, celebra un “logro”. Pero algo en tu estómago te dice que no está bien. El nombre del titular es más grande que el beneficio ciudadano, el tono no es informativo, es autocelebratorio.

Esa incomodidad es tu instinto profesional advirtiéndote. Te avisa que estás frente a una delgada línea, y cruzarla no solo es un error ético, sino un riesgo legal y de gobernanza mayúsculo.

¿Comunicar o persuadir? La diferencia que protege a tu institución

Para entender el peligro, primero hay que aceptar una verdad: la comunicación institucional y la propaganda gubernamental son bestias completamente distintas que a menudo visten la misma piel.

La Comunicación Institucional tiene una sola misión: informar al ciudadano sobre el uso de sus recursos para mejorar su vida. Es un ejercicio de transparencia y rendición de cuentas. Su objetivo es construir confianza y legitimidad a largo plazo. Sirve al ciudadano.

La Propaganda Gubernamental, en cambio, busca persuadir, moldear la opinión y consolidar el poder de una persona o un grupo. No informa, adoctrina. No rinde cuentas, busca aplausos. Sirve al funcionario en turno.

Una emite estímulos para generar comprensión y confianza. La otra, para generar adhesión y culto a la personalidad. Son roles irreconciliables.

El “logro” como riesgo: Cuando el aplauso de hoy es la sanción de mañana

Cuando un gobierno confunde comunicar con hacer propaganda, activa tres riesgos latentes que tú, desde tu trinchera jurídica o normativa, tienes la responsabilidad de desactivar.

El riesgo legal: La promoción personalizada es un delito, no una estrategia

Lo sabes mejor que nadie. El artículo 134 Constitucional en México (y sus equivalentes en otras legislaciones) es claro: la publicidad gubernamental debe ser institucional, nunca para la promoción personal. Cada vez que se usa un nombre, imagen o voz para asociar un beneficio público con una persona, se está violando la ley.

El problema es que muchos equipos de comunicación, por ignorancia o por presión, disfrazan esta promoción con la excusa del "logro". Tu labor no es ser un obstáculo, es ser el dique que contiene una ilegalidad con consecuencias directas: sanciones, multas e inhabilitaciones.

El riesgo de la confianza: El activo más valioso

El ciudadano no es tonto. Sabe perfectamente cuándo le están informando y cuándo le están vendiendo algo. Cuando percibe que los recursos públicos se usan para el ego de un político, su confianza en la institución se desploma.

Esta erosión es devastadora. Sin confianza, no hay gobernanza. No hay colaboración ciudadana, no hay cumplimiento de normas, no hay legitimidad. La propaganda compra atención a corto plazo, pero destruye la credibilidad que tomó décadas construir.

El riesgo de la coherencia interna: La corrosión del propósito

¿Qué mensaje se envía al interior del organismo cuando la comunicación se desvía de su propósito? Se le dice al servidor público que el objetivo no es servir, sino hacer lucir al jefe.

Esta falta de coherencia es un cáncer. Desmotiva a los equipos, pervierte los procesos y sustituye el impacto real por la simulación. Se deja de gestionar para el ciudadano y se empieza a gestionar para la foto.

La peor mediocridad en el servicio público no es la ineficiencia, es usar el poder y los recursos de todos para satisfacer la vanidad de unos pocos. Eso no es comunicar, es una falta de ética fundamental.

Tu rol no es decir "no", es proteger el legado

La próxima vez que tengas esa propuesta de campaña en tus manos, no te veas como un freno. Eres el guardián de la coherencia, el protector del activo más importante de la institución: su credibilidad.

Antes de firmar, hazte estas preguntas:

  • ¿Este mensaje sirve al ciudadano o al funcionario?
  • ¿Está informando sobre un beneficio concreto o está promoviendo una imagen personal?
  • Si quitamos el nombre y la foto del titular, ¿el mensaje sigue teniendo sentido y valor para la gente?

Tu trabajo es asegurar que la voz de la institución trascienda a las personas que la ocupan temporalmente. Porque los funcionarios pasan, pero la confianza pública, una vez perdida, rara vez regresa.

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