Mensajes Institucionales o Propaganda: Guía para no cruzar la línea
Te llega el borrador del comunicado y lo sabes. Sientes esa incomodidad al leerlo.
Adjetivos desbordados. Elogios al titular. Cifras sin contexto. Una narrativa diseñada no para informar, sino para adular. Tu primer impulso es obedecer, pero una voz interna te advierte que estás a punto de cruzar una línea peligrosa.
Esa línea separa la comunicación institucional del burdo panfleto. Y tu trabajo es defenderla.
La confusión fundamental: Rol vs. Persona
El problema nace de una confusión de origen. Muchos creen que la comunicación de una dependencia consiste en promover a la persona que la dirige. Es un error garrafal.
Tu rol no es ser el publicista de un individuo. Tu rol es gestionar los estímulos de una institución. La institución es permanente; las personas son transitorias. Cuando comunicas desde el ego del funcionario, debilitas la gobernanza y la confianza pública.
La comunicación institucional se enfoca en el QUÉ (la acción, el resultado, el beneficio para el ciudadano). La propaganda se obsesiona con el QUIÉN (el líder, el director, el secretario).
El impacto real de los estímulos
Cada boletín, cada publicación, cada declaración es un estímulo que envías a la sociedad. La pregunta es: ¿qué percepción estás construyendo con ellos?
- Estímulos de propaganda: Generan cinismo y desconfianza. El ciudadano no es tonto; sabe cuándo le están vendiendo algo en lugar de informarle. El resultado es ruido y desconexión.
- Estímulos institucionales: Construyen legitimidad y coherencia. Se centran en datos, hechos y el impacto directo en la vida de las personas. Generan autoridad y confianza.
La propaganda busca aplausos. La comunicación busca entendimiento y acción.
Usar recursos públicos para pulir un ego no es comunicación estratégica. Es una falta de respeto al ciudadano y una perversión de la función pública. Y si lo permites, eres cómplice.
El filtro de la coherencia: Tres preguntas clave
Sé la presión que enfrentas. El "así lo quiere el jefe" es una fuerza poderosa. Pero tu responsabilidad profesional es mayor. Antes de publicar cualquier mensaje, aplícale este filtro de tres preguntas.
Sé honesto en tus respuestas. Esta es tu herramienta para defender la estrategia.
El Filtro Definitivo
- ¿A quién sirve este mensaje? Si la respuesta principal es "al titular", el mensaje es propaganda. Debe servir, en primer lugar, al ciudadano, proveyendo información útil y relevante.
- ¿Qué acción o resultado concreto comunica? Si está lleno de adjetivos ("histórico", "trascendental", "extraordinario") pero pobre en verbos y datos (se construyó, se entregaron, se redujo en un X%), es propaganda.
- Si eliminas el nombre y cargo del titular, ¿el mensaje sigue teniendo valor? Si la respuesta es no, has construido un monumento a la vanidad, no un puente de comunicación con la sociedad.
Tu labor va más allá de redactar o difundir. Eres un gestor de la percepción pública y un custodio de la credibilidad institucional.
No eres un difusor de vanidades. Eres un estratega de la confianza. Actúa como tal.
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