Qué sí y qué no puede comunicar el Gobierno
Sientes esa presión en el estómago. Te llega la instrucción “desde arriba”: hay que sacar un comunicado sobre el evento del titular. Ves las fotos y sabes, en el fondo, que eso no es información de gobierno. Es un altar al ego.
Esa sensación incómoda es tu instinto profesional diciéndote que estás a punto de cruzar una línea. No una línea de marketing, sino una de Gobernanza. Y esa línea tiene un nombre: Artículo 134 Constitucional.
No lo veas como un simple texto legal. Es el ancla de la coherencia institucional. Su propósito es ordenar los roles: el gobierno informa, los funcionarios ejecutan, y los recursos públicos se usan para servir, no para aplaudir.
La delgada línea entre informar y promocionar
El problema es que muchos confunden “comunicar” con “promocionar”. Creen que la comunicación es un megáfono para la vanidad del funcionario en turno. Un error garrafal.
El Artículo 134 es muy claro: la propaganda gubernamental debe ser institucional. Debe tener fines informativos, educativos o de orientación social. Punto. Cualquier cosa que incluya nombres, imágenes, voces o símbolos que impliquen la promoción personalizada de un servidor público es una perversión de su propósito.
Cuando un comunicado habla más del funcionario que del beneficio ciudadano, has dejado de informar. Has empezado a hacer campaña con dinero público.
El problema es que muchos confunden “comunicar” con “promocionar”. Creen que la comunicación es un megáfono para la vanidad del funcionario en turno. Un error garrafal.
El Artículo 134 es muy claro: la propaganda gubernamental debe ser institucional. Debe tener fines informativos, educativos o de orientación social. Punto. Cualquier cosa que incluya nombres, imágenes, voces o símbolos que impliquen la promoción personalizada de un servidor público es una perversión de su propósito.
Cuando un comunicado habla más del funcionario que del beneficio ciudadano, has dejado de informar. Has empezado a hacer campaña con dinero público.
Lo que SÍ debes comunicar (El Foco Institucional)
Tu trabajo es comunicar el impacto de las acciones, no la presencia de las personas. La legitimidad de una institución se construye con hechos, no con rostros sonrientes en una lona.
Tu trabajo es comunicar el impacto de las acciones, no la presencia de las personas. La legitimidad de una institución se construye con hechos, no con rostros sonrientes en una lona.
- Servicios y trámites: Fechas de pago de impuestos, apertura de ventanillas, requisitos para programas sociales.
- Resultados y datos duros: "Se vacunaron 10,000 personas", "La obra en la carretera X avanza un 70%", "Se redujo el índice delictivo en un 15%".
- Alertas y orientación: Campañas de protección civil, información de salud pública, cierres viales.
Lo que NO puedes hacer (La Vanidad Prohibida)
Aquí es donde muchos caen por presión o por ignorancia. Si tu mensaje contiene alguno de estos elementos, estás violando la ley y, peor aún, la confianza pública.
Aquí es donde muchos caen por presión o por ignorancia. Si tu mensaje contiene alguno de estos elementos, estás violando la ley y, peor aún, la confianza pública.
- Nombres y cargos personalizados: Evita el "Gracias al esfuerzo del Licenciado...". La institución es la que trabaja, no una sola persona.
- Fotografías protagónicas: Si el funcionario ocupa el 80% de la foto y la obra pública el 20%, el mensaje es incorrecto.
- Logos y eslóganes de campaña: Los colores y frases de una administración no deben suplantar a los símbolos institucionales.
- Adjetivos y exaltación personal: Frases como "El visionario liderazgo de..." o "Gracias a su incansable gestión..." son propaganda pura y dura. Es basura comunicacional.
Una pregunta final antes de publicar
La próxima vez que te pidan "sacar el boletín", detente un segundo. Respira y hazte la única pregunta que importa: ¿A quién sirve este mensaje?
Si la respuesta honesta es "al ciudadano", adelante. Estás construyendo Estado.
Si la respuesta es "al ego del jefe", tienes la obligación profesional y ética de decirlo. Tu rol no es ser un aplaudidor, es ser un estratega que protege la coherencia y legitimidad de la institución a la que sirves.
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